Dubito, ergo cogito, ergo sum
Descartes






lunes, 26 de octubre de 2009

¿TIENES FRÍO?

Joaquín se acercó lenta y sigilosamente al fuego.
Ya lo habían hecho esperar mucho y se sintió cansado de estar sentado en esa estancia tan amplia. Y aunque nunca le había gustado estar ahí, sabía que era el sitio en donde tendría que esperar si quería ver al Lic. Velázquez.
El lugar donde estaba había sido hacía muchos años la casa de la familia Velázquez de León y Pantoja, cuyos acaudalados miembros disponían de varias casas y apartamentos en esta ciudad y en dos del más del país y en Europa.
Ahora, la casa donde estaba, que de hecho era la más pequeña de todas las que poseían, había sido transformada para oficinas ya que se encontraba en una céntrica colonia de la ciudad y estaba realmente bien comunicada. Los padres de Juan Daniel Velázquez de León y Pantoja la habían adquirido como una ganga cuando esa parte de la ciudad se había lotificado y el Ministro de Agricultura, que era amigo de ellos, les había ofrecido en venta uno de esos lotes. Cuando ellos compraron, la colonia era tranquila, apenas se estaban abriendo un par de avenidas y cerca, muy cerca, se estaba terminando de construir un Viaducto, garantizando a los habitantes de ese lugar, no sólo vialidades modernas, sino tranquilidad un poco alejados del bullicio del Centro de la Ciudad.
Joaquín había conocido a Juan Daniel en la Universidad.
Se hicieron amigos casi inmeditamente. Coincidían en muchas cosas, menos en la cantidad de dinero a gastar: Joaquín apenas si ajustaba para sus gastos semanales, mientras que Juan Daniel despilfarraba el dinero alegremente invitando a los amigos desde un cigarro hasta la comida completa. Y lo hacía alegremente.
Joaquín lo tenía claro: estimaba a Juan Daniel, pero a veces su dinero se interponía para seguir adelante la amistad. Eso hizo que Joaquín se diera cuenta muy pronto en el interés, verdadero interés, que algunos compañeros tenían en seguir a Juan Daniel. Y se lo dijo también demasiado pronto. Eso causó el primer disgusto, pero la amistad siguió adelante.
Hoy, después de treinta años, se verían nuevamente.
Cada uno había seguido su camino al terminar la carrera. Sus distintas especialidades los habían llevado por caminos distintos: Joaquín se había hecho investigador y maestro dentro de la misma Universidad; Juan Daniel se había dedicado a la política práctica escalando diversos peldaños en el juego que supone estar afiliado a un partido político. Había sido desde dirigente juvenil en sus inicios, hasta Ministro de No Sé Qué en la presidencia pasada. Ahora se encontraba sin trabajo, en una etapa de descanso, como él decía, pero esperaba que su "gallo" fuese postulado a la Presidencia de la República para ser su Asesor Personal en la campaña presidencial y luego, quizá, mínimo, su Secretario Personal. El futuro para Juan Daniel se presentaba realmente prometedor.
Joaquín sabía bien los caminos de su amigo. Éstos habían sido muy públicos, demasiado, pensaba él. Pues aunque no quisiera, se enteraba de los pasos de éste a través de los periódicos y de los noticieros.
Eso lo había hecho ir a buscarlo.
Y hoy se encontraba ahí, frente al fuego de la chimenea de la casa a la que tantas veces entró como amigo y compañero del que ahora era el Lic. Velázquez.
Parado, frente a la chimenea, recordó cosas, muchas cosas, mientras oía chirriar el fuego y veía cómo los destellos amarillos, rojos, blancos y hasta azules de las llamas le dibujaban en su imaginación otros momentos.

"─ ¿Tienes frío?─ le preguntó Ana María y le rodeó con sus brazos el cuello. Le besó pícaramente y se alejó de él, sonriendo.
"─Sí, pero contigo se me quita─ contestó Joaquín siguiéndola.
"Jalaron un par de cojines y se acercaron a la chimenea. El calor del fuego era amable e invitaba a algo más que a confidencias, por lo que Ana María tomó las manos de Joaquín y acercándose mucho a él, susurrándole al oído, sólo le dijo
"─¿Recuerdas la petición que me hiciste hace un par de días...? ¿la recuerdas?
"Cómo no la iba a recordar Joaquín: le había pedido que fuera su novia e incluso que se casara con él, mientras más pronto, mejor. Él ya tenía que ofrecerle, incluso un viaje a Paris, a donde la llevaría con él, ya casados, con una beca que había conseguido. ¡Vivir en Paris durante dos o tres años! ¡y con ella! Y estudiando y trabajando, construyendo juntos un futuro...
"─ Sí, sí recuerdo... ¿qué has decidido? ¿me aceptas...?─ dijo él ansioso
"Ella sonrió y se apartó nuevamente. Se levantó y le gritó a Juan Daniel. Él, bajó casi de inmediato diciendo que en seguida estaría con ellos, pero que lo esperaran porque iba por unas copas para brindar.
"─ ¿Brindar? ¿Por qué? ¿Es qué acaso le has dicho lo que yo te....?
"─ ¡Sí, claro! ¿por qué no se lo iba a decir?
"─ Pero, es algo entre tú y yo, muy privado... No sé, creo que no debiste...
"─ ¿Y por qué no...?
"Juan Daniel se acercó con una sonrisa. Miró a ambos. A cada uno le dió su copa y descorchó la botella. Sirvió el espumoso vino blanco disculpándose por no tener algo mejor, como lo ameritaba el momento e inició el brindis invitando a Ana María a hablar. Joaquín sonreía, cada vez más: recibiría el "sí" enfrente de su mejor amigo. Le comunicaría sus planes, que él aún no conocía y estaba seguro que Juan Daniel se alegraría tanto como él ya lo estaba.
"─ ¿...y? ¿qué esperas, Ana María?─ dijo Joaquín ansioso
"─ Joaquín, quiero decirte, bueno, más bien, queremos decirte Juan Daniel y yo, que ayer nos casamos. A escondidas de sus padres y de todos, pero ayer nos casamos. Y que hoy, vine a hablar con sus papás que me mandaron llamar. Dentro de un mes es la boda religiosa. Y nos vamos a vivir a Centroamérica un tiempo. Después, regresaremos y viviremos en el Norte haciéndose cargo Juan Daniel de las oficinas del Partido de allá. Es más... también queremos comunicarte que estoy embarazada. Eso fue lo que apresuró las cosas...
"Joaquín desdibujó su sonrisa y no supo por qué empezó a temblar.
"─ ¿Qué te pasa? ¿tienes frío? ¿por qué tiemblas así? ¿tienes frío...?

Parado frente al fuego, ante esa chimenea, oyó Joaquín aquella voz que hace mucho no escuchaba y que le recordó tantas cosas, tantas, que empezó a temblar.
─ ¡Hola, amigo! ¡tanto tiempo sin verte, sin saber de tí! Venga, dame un abrazo.... Pero ¿qué te pasa? ¿por qué tiemblas? ¿tienes frío?

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